Cuando iba a la primaria, en una pared vi un grafiti que rezaba: «el que lee es puto», no sé si el chascarrillo surgió en esa época o antes, pero es algo que se volvió muy popular.
El término 'puto' es algo que nunca me terminó de cerrar...
Criado bajo las faldas de mi madre y mi hermana durante el apogeo de la lucha feminista en mi ámbito social, rodeado de mujeres que militaban en movimientos políticos por la igualdad de derechos, aprendí a despreciar a la sociedad machista y a todo ser que insinuase que la mujerera inferior al hombre.
Eso viene a cuento para explicar el por qué de mi aversión por la palabra 'puta', la palabra predilecta para denigrar a una mujer. Luego aprendí a despreciar al sexismo.Lo que siempre me llamó la atención es que la palabra 'puto' tenga un significado distinto pero, a fines prácticos, cumpla la misma función: ser el mayor insulto que se puede prodigar. Llamar 'puto' a un hombre es equivalente a llamara 'puta' a una mujer.
Ahora bien, en los tiempos que corren ser homosexual o prostituirse están en el limbo de la aceptación social, aunque muchos ven mal discriminar a homosexuales o prostitutas, pocos son los grupos sociales que aceptarían entra sus miembros a unos u otras. Así, poco a poco, las dos palabras están dejando de ser insultos 'populares' para convertirse en un adjetivo más del habla vernácula; aunque en las mujeres es mucho más común oir expresiones como «¿Qué hacés puta?», de a poco se está oyendo a muchos hombres prodigarse un trato similar.
Esto simplemente se debe a la concientización acerca de lo malo que es discriminar por discriminar. De a poco, gracias a la evolución social, va desapareciendo la discriminación en el 'pueblo', no así en la 'aristocracia'.
Con el tiempo, el único insulto grave de 'alcance universal' que uno podrá utilizar será 'facista'.