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Ernesto Jerónimo Meza :: Blog

April 20, 2010

Cuando iba a la primaria, en una pared vi un grafiti que rezaba: «el que lee es puto», no sé si el chascarrillo surgió en esa época o antes, pero es algo que se volvió muy popular.

El término 'puto' es algo que nunca me terminó de cerrar... 

Criado bajo las faldas de mi madre y mi hermana durante el apogeo de la lucha feminista en mi ámbito social, rodeado de mujeres que militaban en movimientos políticos por la igualdad de derechos, aprendí a despreciar a la sociedad machista y a todo ser que insinuase que la mujerera inferior al hombre.

Eso viene a cuento para explicar el por qué de mi aversión por la palabra 'puta', la palabra predilecta para denigrar a una mujer. Luego aprendí a despreciar al sexismo.

Lo que siempre me llamó la atención es que la palabra 'puto' tenga un significado distinto pero, a fines prácticos, cumpla la misma función: ser el mayor insulto que se puede prodigar. Llamar 'puto' a un hombre es equivalente a llamara 'puta' a una mujer.

Ahora bien, en los tiempos que corren ser homosexual o prostituirse están en el limbo de la aceptación social, aunque muchos ven mal discriminar a homosexuales o prostitutas, pocos son los grupos sociales que aceptarían entra sus miembros a unos u otras. Así, poco a poco, las dos palabras están dejando de ser insultos 'populares' para convertirse en un adjetivo más del habla vernácula; aunque en las mujeres es mucho más común oir expresiones como «¿Qué hacés puta?», de a poco se está oyendo a muchos hombres prodigarse un trato similar.

Esto simplemente se debe a la concientización acerca de lo malo que es discriminar por discriminar. De a poco, gracias a la evolución social, va desapareciendo  la discriminación en el 'pueblo', no así en la 'aristocracia'.

Con el tiempo, el único insulto grave de 'alcance universal' que uno podrá utilizar será 'facista'.

Keywords: citas, discriminación, español, feminismo, igualdad, lenguaje, machismo, sexismo, sociedad

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April 07, 2010

Cass era la más joven y la más guapa de cinco hermanas. Cass era la chica más guapa de la ciudad. Medio india, con un cuerpo flexible y extraño, un cuerpo fiero y serpentino y ojos a juego. Cass era fuego móvil y fluido. Era como un espíritu embutido en una forma incapaz de contenerlo. Su pelo era negro y largo y sedoso y se movía y se retorcía igual que su cuerpo. Cass estaba siempre muy alegre o muy deprimida. Para ella no había término medio. Algunos decía que estaba loca. Lo decían los tontos. Los tontos no podían entender a Cass. A los hombres les parecía simplemente una maquina sexual y no se preocupaban de si estaba loca o no. Y Cass bailaba y coqueteaba y besaba a los hombres pero, salvo un caso o dos, cuando llegaba la hora de hacerlo, Cass se evadía de algún modo, los eludía.

Sus hermanas la acusaban de desperdiciar su belleza, de no utilizar lo bastante su inteligencia, pero Cass poseía inteligencia y espíritu; pintaba, bailaba, cantaba, hacía objetos de arcilla, y cuando la gente estaba herida, en el espíritu o en la carne, a Cass le daba una pena tremenda. Su mente era distinta y nada más; sencillamente, no era práctica. Sus hermanas la envidiaban porque atraía a sus hombres, y andaban rabiosísimas porque creían que no se sacaba todo el partido posible. Tenía la costumbre de ser buena y amable con los feos; los hombres considerados guapos le repugnaban: “No tienen agallas -decía ella-. No tienen nervio. Confían siempre en sus orejitas perfectas y en sus narices torneadas… todo fachada y nada dentro…” Tenía un carácter rayando la locura; un carácter que algunos calificaban de locura.

Su padre había muerto del alcohol y su madre se había largado dejando solas a las chicas. Las chicas se fueron con una pariente que las metió en un colegio de monjas. El colegio había sido un lugar triste, más para Cass que para sus hermanas. Las chicas envidaban a Cass y Cass se peleó con casi todas. Tenía señales de cuchilladas por todo el brazo izquierdo, de defenderse en dos peleas. Tenía también una cicatriz imborrable que le cruzaba la mejilla izquierda; pero la cicatriz, en vez de disminuir su belleza, parecía por el contrarío, realzarla.

Yo la conocí en el bar West End unas noches después de que la soltaran del convento. Al ser la más joven, fue la última hermana que soltaron. Sencillamente entró y se sentó a mi lado. Yo quizá sea el hombre más feo de la ciudad, y puede que esto tuviera algo que ver con el asunto.

- ¿Tomas algo?
- Claro, ¿Por qué no?

No creo que hubiese nada especial en nuestra conversación esa noche, era sólo el sentimiento que Cass transmitía. Me había elegido y no había más. Ninguna presión. Le gustó la bebida y bebió mucho. No parecía tener edad, pero de todos modos le sirvieron. Quizás hubiese falsificado el carnet de identidad, no sé. En fin, lo cierto es que cada vez que volvía del retrete y se sentaba a mi lado yo sentía cierto orgullo. No sólo era la mujer más bella de la ciudad, sino también una de las más bellas que yo había visto en mi vida. Le eché el brazo a la cintura y la besé una vez.

- ¿Crees que soy bonita?- preguntó.
- Sí, desde luego. Pero hay algo más… algo más que tu apariencia…
- La gente anda siempre acusándome de ser bonita. ¿Crees de veras que soy bonita?
- Bonita no es la palabra, no te hace justicia.

Buscó en su bolso. Creía que buscaba el pañuelo. Sacó un alfiler de sombrero muy largo. Antes de que pudiese impedírselo, se había atravesado la nariz con él, de lado a lado, justo sobre las ventanillas. Sentía repugnancia y horror.

Ella me miró y se echó a reír.

- ¿Crees ahora que soy bonita? ¿Qué piensas ahora, eh?

Saqué el alfiler y puse mi pañuelo sobre la herida. Algunas personas, incluido el encargado, habían observado la escena. El encargado se acercó.

-Mira -dijo a Cass-, si vuelves a hacer eso te echo. Aquí no necesitamos tus exhibiciones.
- ¡Vete a la mierda, amigo! -dijo ella.
- Será mejor que la controles -me dijo el encargado.
- No te preocupes -dije yo.
- Es mi nariz -dijo Cass-, puedo hacer lo que quiera con ella
- No -dije-, a mí me duele.
- ¿Quieres decir que te duele a ti cuando me clavo un alfiler en la nariz?
- Sí, me duele, de veras.
- De acuerdo, no lo volveré a hacer. Ánimo.

Me besó, pero como riéndose un poco en medio del beso y sin soltar el pañuelo de la nariz. Cuando cerraron nos fuimos a donde yo vivía. Tenía un poco de cerveza y nos sentamos a charlar. Fue entonces cuando pude apreciar que era una persona que rebosaba bondad y cariño. Se entregaba sin saberlo. Al mismo tiempo, retrocedía a zonas de descontrol e incoherencia. Esquizoide. Una esquizo hermosa y espiritual. Quizás algún hombre, algo acabase destruyéndola para siempre. Esperaba no ser yo.
Nos fuimos a la cama y cuando apagué las luces me preguntó:
- ¿Cuándo quieres hacerlo, ahora o por la mañana?
- Por la mañana -dije, y me di la vuelta.

Por la mañana me levanté, hice un par de cafés y le llevé uno a la cama.
Se echó a reír.

- Eres el primer hombre que conozco que no ha querido hacerlo por la noche.
- No hay problema -dije-. En realidad no tenemos por que hacerlo.
- No, espera, ahora quiero yo. Déjame que me refresque un poco.

Se fue al baño. Salió enseguida, realmente maravillosa, largo pelo negro resplandeciente, ojos y labios resplandecientes, toda resplandor… Se desperezó sosegadamente, buena cosa. Se metió en la cama.

- Ven, amor.

Fui.

Besaba con abandono, pero sin prisa. Dejé que mis manos recorriesen su cuerpo. Acariciasen su pelo. La monté. Su carne era cálida y prieta. Empecé a moverme despacio y queriendo que durara. Ella me miraba a los ojos.

- ¿Cómo te llamas? -pregunté.
- ¿Qué diablos importa? -preguntó ella.

Solté una carcajada y seguí. Después se vistió y la llevé en coche al bar, pero era difícil olvidarla. Yo no trabajaba y dormí hasta las dos y luego me levanté y leí el periódico. Cuando estaba en la bañera, entro ella con una hoja: una oreja de elefante.

- Sabía que estabas en la bañera -dijo-, así que te traje algo para tapar esa cosa, hijo de la naturaleza.

Y me echó encima, en la bañera, la hoja de elefante.

- ¿Cómo sabías que estaba en la bañera?
- Lo sabía.

Cass llegaba casi todos los días cuando yo estaba en la bañera. No era siempre la misma hora, pero raras veces fallaba, y traía la hoja de elefante. Y luego hacíamos el amor.

Telefoneó una o dos noches y tuve que sacarla de la cárcel por borrachera y pelea pagando la fianza.

- Esos hijos de puta – decía-, sólo porque te pagan unas copas creen que pueden echarte mano a las bragas.
- La culpa la tienes tú por aceptar la copa
- Yo creía que se interesaba por mí, no sólo por mi cuerpo.
- A mí me interesas tú y tu cuerpo. Pero dudo que la mayoría de los hombres puedan ver más allá de tu cuerpo.

Dejé la ciudad y estuve fuera seis meses, anduve vagabundeando; volví. No había olvidado a Cass ni un momento, pero habíamos tenido algún tipo de discusión y además yo tenía ganas de ponerme en marcha, y cuando volví pensé que se habría ido; pero no llevaba sentado treinta minutos en el West End cuando ella llegó y se sentó a mi lado.

- Vaya, cabrón, has vuelto.

Pedí un trago para ella. Luego la miré. Llevaba un vestido de cuello alto. Nuca la había visto así. Y debajo de cada ojo, clavado, llevaba un alfiler de cabeza de cristal. Sólo se podían ver las cabezas de los alfileres, pero los alfileres estaban clavados.

- Maldita sea, aún sigues intentando destruir tu belleza….
- No, no seas tonto, es la moda.
- Estas chiflada.
- Te he echado de menos -dijo
- ¿Hay otro?
- No, no hay ninguno. Solo tú. Pero ahora hago la vida. Cobro diez billetes. Pero para ti es gratis.
- Sácate esos alfileres.
- No, es la moda.
- Me hace muy desgraciado.
- ¿Estás seguro?
- Sí, mierda, estoy seguro.

Se sacó lentamente los alfileres y los guardo en el bolso.

- Porque la gente cree que es todo lo que tengo. La belleza no es nada. La belleza no permanece. No sabes la suerte que tienes siendo feo, porque si le agradas a alguien sabes que es por otra cosa.
- Vale -dije-, tengo mucha suerte.
- No quiero decir que seas feo. Sólo que la gente cree que lo eres. Tienes una cara fascinante.
- Gracias.

Tomamos otra copa.

- ¿Qué andas haciendo? -preguntó.
- Nada. No soy capaz de apegarme a nada. Nada me interesa.
- A mí tampoco. Si fueses mujer podrías ser puta.
- No creo que quisiera establecer un contacto tan íntimo con tantos extraños. Debe ser un fastidio.
- Tienes razón, es fastidioso, todo es fastidioso

Salimos juntos, por la calle, la gente aún miraba a Cass. Aún era una mujer hermosa, quizá más que nunca.

Fuimos a casa y abrí una botella de vino y hablamos. A Cass y a mí, siempre nos era fácil hablar. Ella hablaba un rato yo escuchaba y luego hablaba yo. Nuestra conversación fluía fácil sin tensión. Era como si descubriésemos secretos juntos. Cuando descubríamos uno bueno, Cass se reía con aquella risa…, de aquella manera que sólo ella podía reírse. Era como el gozo del fuego. Y durante la charla nos besábamos y nos arrimábamos. Nos pusimos muy calientes y decidimos irnos a la cama. Fue entonces cuando Cass se quito aquel vestido del cuello alto y lo vi… Vi la mellada y horrible cicatriz que le cruzaba el cuello. Era grande y ancha.

- Maldita sea, condenada, ¿Qué has hecho? -dije desde la cama
- Lo intenté con una botella rota una noche. ¿Ya no te gusto? ¿Soy bonita aún?

La arrastré a la cama y la besé. Me empujo y se echo a reír:

- Algunos me pagan los diez y luego, cuando me desvisto no quieren hacerlo. Yo me quedo los diez. Es muy divertido.
- Sí -dije-, no puedo parar de reír… Cass, zorra, te amo… deja de destruirte; eres la mujer con más vida que conozco.

Volvimos a besarnos. Cass lloraba en silencio. Sentí las lágrimas. Sentí aquel pelo largo y negro tendido bajo mí como una bandera de muerte. Disfrutamos e hicimos un amor lento y sombrío y maravilloso.

Por la mañana, Cass estaba levantada haciendo el desayuno. Parecía muy tranquila y feliz. Cantaba. Yo me quedé en la cama gozando su felicidad. Por fin, vino y me zarandeó.

- ¡Arriba, cabrón! ¡Chapúzate con agua fría la cara y la polla y ven a disfrutar del banquete!

Ese día la llevé en coche a la playa. No era un día de fiesta y aún no era verano, todo estaba espléndidamente desierto. Vagabundos playeros en andrajos dormían en la arena. Había otros sentados en bancos de piedra compartiendo una botella solitaria. Las gaviotas revoloteaban, estúpidas pero distraídas. Ancianas de setenta y ochenta, sentadas en los bancos, discutiendo ventas de fincas dejadas por maridos asesinados mucho tiempo atrás por la angustia y la estupidez de la supervivencia. Había paz en el aire y paseamos y estuvimos tumbados por allí y no hablamos muchos. Era agradable simplemente estar juntos. Compré bocadillos, patatas fritas y bebidas y nos sentamos a beber en la arena. Luego abracé a Cass y dormimos así abrazados un rato. Era mejor que hacer el amor. Era como fluir juntos sin tensión. Luego volvimos a casa en mi coche y preparé la cena. Después de cenar, sugerí a Cass que viviésemos juntos. Se quedó mucho rato mirándome y luego dijo lentamente “NO”. La llevé de nuevo al bar, le pagué una copa y me fui.

Al día siguiente, encontré un trabajo como empaquetador en una fabrica y trabajé todo lo que quedaba de semana. Estaba demasiado cansado para andar mucho por ahí, pero el viernes por la noche me acerqué al West End. Me senté y esperé a Cass. Pasaron horas. Cuando estaba ya bastante borracho, me vio el encargado.

- Siento lo de tu amiga.
- ¿El qué? -pregunté.
- Lo siento. ¿No lo sabías?
- No
- Suicidio, la enterraron ayer.
- ¿Enterrada? -pregunté. Parecía como si fuese a aparecer en la puerta de un momento a otro. ¿Cómo podía haber muerto?
- La enterraron las hermanas
- ¿Un suicidio? ¿Cómo fue?
- Se cortó el cuello.
- Ya. Dame otro trago.

Estuve bebiendo allí hasta que cerraron. Cass, la más bella de las cinco hermanas, la chica más guapa de la ciudad. Conseguí conducir hasta casa sin poder dejar de pensar que debería haber insistido en que se quedara conmigo en vez de aceptar aquel “NO”. Todo en ella había indicado que le pasaba algo. Yo sencillamente había sido demasiado insensible, demasiado despreocupado. Me merecía mi muerte y la de ella. Era un perro. No, ¿por qué acusar a los perros? Me levanté, busqué una botella de vino, bebí lúgubremente. Cass, la chica más guapa de la ciudad muerta a los veinte años.

Fuera, alguien tocaba la bocina de un coche. Unos bocinazos escandalosos, persistentes. Dejé la botella y aullé “¡MALDITO SEAS, CONDENADO HIJO DE PUTA, CALLATE YA!”.

Y seguía avanzando la noche y yo nada podía hacer.

* Un cuento de Charles Bukowski

Keywords: cuento

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March 25, 2010

24 de marzo, Día de la Memoria... para olvidar el resto de los días nefastos de la historia local. No alcanzaría los días del año para recordar hechos más funestos que el inicio del 'Proceso'.

La represión a los comuneros del Paraguay, la traición a Artigas, la guerra de la Triple Alianza o la rendición de Rivadavia son cosas que dañaron más al pueblo y al estado.

Si tanta memoria hay ¿quién recuerda a los peones del sur de principios del siglo XX? y eso que estábamos con gobierno constitucional...

Mis saludos a los memorioso

Keywords: crítica, descepción, historia

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December 03, 2009

El 30 de noviembre fue el día de la 'antiglobalización'... al menos para mí.

Se cumplieron diez años de una de las protestas más grandes de la historia, conocida como la 'Batalla de Seattle', una manifestación en contra de la 'Ronda del Milenio', la tercer cumbre de la OMC.

Exceptuando la violencia de algunos incapaces, la protesta fue un acto memorable, qué mejor que recordarlo con la canción que debería ser el himno del movimiento:

* El progreso
de Roberto Carlos

Yo quisiera poder aplacar una fiera terrible
Yo quisiera poder transformar tanta cosa imposible
Yo quisiera decir tantas cosas que pudieran hacerme sertir bien conmigo
Yo quisiera poder abrazar mi mayor enemigo

Yo quisiera no ver tantas nubes oscuras arriba
Navegar sin hallar tantas manchas de aceite en los mares
Y ballenas desapareciendo por falta de escrúpulos comerciales
Yo quisiera ser civilizado como los animales
Yo quisiera ser civilizado como los animales.

Yo quisiera no ver tanto verde en la tierra muriendo
Y en las aguas del río los peces desapareciendo
Yo quisiera gritar que ese tal oro negro no es más que un negro veneno
Ya sabemos que por todo eso vivimos ya menos

Yo no puedo aceptar ciertas cosas que ya no comprendo
El comercio de armas de guerra de muertes viviendo
Yo quisiera hablar de alegría en vez de tristeza mas no soy capaz
Yo quisiera ser civilizado como los animales
Yo quisiera ser civilizado como los animales

Yo no estoy contra el progreso si existiera un buen consenso
Errores no corrigen otros eso es lo que pienso
Yo no estoy contra el progreso si existiera un buen consenso
Errores no corrigen otros eso es lo que pienso

Keywords: antiglobalización, canción, capitalismo, globalización, himno

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September 30, 2009

Ley, una amiga, dice que «Jimena no le teme a los demonios...» ¿por qué? porque «... no le cree a ningún dios.»

Le pregunté si era atea, y me dijo que no, pero que tampoco seguía una Religión. También le pregunté de dónde había sacado esa frase, no lo sabe. Ley es religiosa porque tiene su religión, o sea, posee sus creencias respecto a lo que no conoce, pero además es una persona inteligente, sabe que las creencias son sólo eso y que dejarán de serlo cuando el conocimiento las compruebe o las destruya.

Me gustaría que la persona que está por venir al mundo dentro de poco de la mano de mi mujer -con mi pequeña colaboración- sea como Jimena... espero que su madre no se oponga, pero es declarada católica (... sólo declarada).

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July 04, 2009

Gracias a la presente epidemia de gripe pocina acá en Argentina, miles de personas pueden disfrutar de los beneficios del libre mercado.

Como aumentó la demanda de los elementos necesarios para la prevención de dichas enfermedades, los precios se han variado de manera razonable de modo que todos salgamos beneficiados.

Por ejemplo, en mi ciudad, Jardín América, un barbijo de tela salía $ 0,25, ahora, los comerciantes, de manera muy razonable, lo venden a $ 3. Ni hablar de los 'rígidos', que de $ 3 pasaron a $ 15.

Lo que es una vergüenza es que me han dicho que el estado se ha apoderado de todos los medicamentos necesarios para su tratamiento y los expenden gratuítamente en los centros asistenciales públicos, eso sí que sería realemente un abuso por parte de los gobernantes ¡cuánta gente se queda sin sustento por culpa de esos desvergonzados.

Por suerte las megaempresas farmacéuticas aún sacan su tajada de la venta de los medicamentos y ellas pueden proveer de sustento a los millones de empleados que deben tener...

Keywords: ironía, libre mercado, sarcasmo

Posted by Ernesto Jerónimo Meza | 0 comment(s)

June 09, 2009

A diario me encuentro con gente quejándo de que las cosas que no se hacen, pero, la mayoría no está dispuesta a hacerlo; una lástima, una muestra de la decadencia social.

En cualquier ámbito, cuando Alguien está designado para realizar La Tarea la cosa es fácil, simplemente veo que La Tarea no está hecha y digo que Alguien es un irresponsable... eso está mal.

Luego, si La Tarea no le corresponde a nadie en especial y veo que no está hecha, simplemente lo dejo, total, si nadie la hace ¿por qué deberia yo hacerla?... eso también está mal.

Ese es el comportamiento de la mayor parte de la gente y, así, hay un sinfín de  cosas que no se hacen por la 'lavada de manos' de cada uno.

Todos deberían pensar 'Si yo no lo hago, nadie lo hará'.

Keywords: comportamiento, sociedad

Posted by Ernesto Jerónimo Meza | 0 comment(s)

June 08, 2009

Hace tiempo que lo vengo pensando...

Este año se cumplen, en diciembre, diez años de que terminé la secundaria...

Siempre pensé que no iba a significar mucho para mí, en fin, siempre sostuve que las 'etapas de la vida' son más de los tantos espejismos creados por la incapacidad de las personas de entender su caótica existencia...

Pero la verdad, si hay un momento que significó un quiebre en mi vida fue finalizar la secundaria; todas esas personas que formaron durante varios años parte de mi cotidiano, de golpe, pasaron a ser unos transeúntes más en el camino de la vida...

De vez en cuando me encontraba con excompañeros y me sentía feliz de ello y, desde hace dos años más o menos, me sentí súmamente complacido al ver que varios de ellos volvían a Jardín luego de finalizar la universidad.

Hoy recibí un mensaje de una de mis excompañeras dirigido a varios de sus excompañero proponiendo una reunión para conmemorar este evento...

Jeje... he conversado con algunos este tiempo, pero a varios quiero verlos, para saber qué ha sido de su vida, y qué han logrado en esta década andando por la vida...

Keywords: nostalgia

Posted by Ernesto Jerónimo Meza | 0 comment(s)

April 27, 2009

—Con Viqui estábamos discutiendo que 'puta' y 'prostituta' son lo mismo ¿es así? —comienza Rocío.

—Mmm... depende —le digo.

—¿Para vos un prostituta qué es?

—Bueno, una prostituta es una mujer que vende su cuerpo, principalmete para sexo... generalmente para sexo.

—Una puta es lo mismo...

—Sí... y no. 'Puta' es un término bastante complicado. Algunos sólo lo usan como sinónimo de 'prostituta', para otros una puta es una mujer a la que le gusta el sexo. Aunque en realidad, se usa más ampliamente, casi siempre es un insulto, mejor dicho para casi nadie no lo es, es culpa del machismo que impera en la sociedad desgraciadamente... ¿sabés lo que es el machismo?

Me pone una cara de "¿Eso con qué se come?", a lo que respondo con una breve explicación de los que es el machismo, el sexismo y la discriminación prejuiciosa en general.

—Así qué, por culpa del machismo —continúo—, 'puta' puede ser una mujer a la que le gusta el sexo, una mujer que tiene sexo con una persona que no es su pareja, una que tuvo sexo antes de ser 'mayor', una que tiene varias parejas, una que tiene sexo con la pareja de otra persona, incluso una que tiene sexo con un hombre menor que ella o mucho (mucho) mayor o una mujer que no es muy pudorosa... bueno, eso es lo más común..

—Ahh... Entonces Viqui tenía razón... —se lamenta—, pero... Entonces somos todas putas...

Y bueno... ¿qué puedo hacer mas que decirle que me impresionó por su razonamiento?...

----

Rocío es mi hija de once años, Viqui su hermana de 15. Bueno, son hijas de Lucía, mi mujer, de su primer matrimonio. Cuando nos pusimos en pareja con ella, las chicas tenían ocho y doce años.

Cuando nos conocimos ella se impresionó por la 'crudeza' con la que hablaba con mi sobrino de cinco años y con otros niños cercanos a mí. Luego, ya viviendo juntos, tuvimos un par de cruces por varias explicaciones que dí a ciertas preguntas incómodas de las chicas, incluso una vez me dijo que con esa educación terminarían siendo unas putas. «La verdad —le dije una vez— me gustaría que fuesen unas putas, ya que putas son la mujeres libres, las que se animan a vivir sin depender de ningún hombre...», por eso me sorprendió la respuesta que me dio Rocío.

«Te gusta pervertir a los niños» dicen mis amigos, pero se impresionan del trato que tengo con los chicos y la forma en que se comportan... tal vez sea cierto... no sé... pero me molesta la educación que se le da tradicionalmente. Por otro lado, 'pervertir' es algo muy subjetivo.

Espero que Rocío jamás pierda su forma de ser, que no se convierta en una 'busca-pareja' como las mayoría de las personas. Que nunca se olvide que todos somos personas, que ella puede ser tanto o más que cualquiera. Que nunca necesite de otra persona (ni haga creer que otra persona la necesita), que aprenda a ser independiente, autónoma; que no olvide que una pareja es para compartir las cosas, no para vivir uno de/por el otro. Que siempre recuerde que la única diferencia entre un hombre y una mujer es a la hora de procrear.

Hoy por hoy, ella es así y para mí está bien eso, aunque que sé que muchos no están de acuerdo, ella es feliz y es segura... 

Keywords: educación, feminismo, igualdad, machismo, mujer, niño, prostituta, puta, sexismo

Posted by Ernesto Jerónimo Meza | 0 comment(s)

January 28, 2009

Creo que todos buscamos lo mismo
no sabemos muy bien que es ni donde esta
oímos hablar de la hermana mas hermosa
que se busca y no se puede encontrar
La conocen los que la perdieron
los que la vieron de cerca, irse muy lejos
y los que la volvieron a encontrar
la conocen los presos,
La libertad
Algunos faloperos, 
algunos con problemas de dinero,
porque se despiertan soñándola,
algunos que nacieron en el tiempo equivocado,
la libertad
Todos los marginales del fin del mundo,
esclavos de alguna necesidad,
los que sueñan despiertos,
los que no pueden dormir,
la libertad
Algunos tristemente enamorados
pagando todavía el precio del amor
algunos que no pueden esperar,
y no aguantan más la necesidad
Algunos cautivos de eso, 
que no saben donde mirar, 
tengo algunos hermanos y una hermana muy hermosa, 
la libertad
Igual que Norberto, me pregunto muchas veces, 
donde esta? y no dejo de pensar, 
será solamente una palabra, la hermana hermosa
la libertad.

“La libertad”, una canción del álbum “El Cantante” de Andrés Calamaro.

Keywords: libertad, música

Posted by Ernesto Jerónimo Meza | 0 comment(s)

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