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GULU MAPU / El tribunal señaló que se había acreditado el delito de incendio y el porte y tenencia ilegal de armas, pero las pruebas aportadas no fueron suficientes para establecer la participación de Llaitul más allá de toda duda razonable. Durante el juicio, el ex juez Juan Guzmán, quien encabezó la defensa de Llaitul, manifestó su convicción de la inocencia de su cliente. El dirigente mapuce ya abandonó la cárcel de Temuco.
TEMUCO / Tras siete días de juicio oral y más de un año en prisión, el dirigente mapuce de la Coordinadora Arauco-Malleco (CAM), Héctor Llaitul Carillanca, fue absuelto de los cargos de incendio, porte ilegal de armas y receptación por los tres jueces del Tribunal Oral de Temuco. Los magistrados decretaron además su libertad inmediata, mientras que Roberto Painemil Parra fue declarado culpable del delito de porte y tenencia ilegal de armas.
Llaitul, junto a Painemil, estaba acusado de haber dirigido un grupo de 8 personas que la noche del 25 de diciembre del 2006 quemó un camión forestal, una torre de maderero y una máquina trineumática en el fundo "Las Praderas", de Cholchol. El Ministerio Público había pedido 10 años de cárcel para ambos, por lo que la sentencia absolutoria de Llaitul fue recibida con gritos de Marici wew de apoyo de familiares y amigos que se hicieron presentes en el tribunal.
El tribunal señaló que se había acreditado el delito de incendio y el porte y tenencia ilegal de armas, pero las pruebas aportadas no fueron suficientes para establecer la participación de Llaitul más allá de toda duda razonable. Durante el juicio, el ex juez Juan Guzmán, quien encabezó la defensa de Llaitul manifestó su convicción de la inocencia de su cliente y denunció un "montaje" para inculparlo. Incluso, calificó de "autoatentados" algunos incendios atribuidos a comuneros mapuce en la zona.
Agregó que el día de los hechos, su defendido estaba con dos de sus cinco hijos en casa de unos amigos cerca de la localidad de Labranza, a 35 km del lugar del atentado, algo que según la fiscalía, Llaitul nunca declaró cuando fue inculpado, hace más de un año. Sin embargo, diversos testigos presentados por su defensa corroboraron esta situación, dejando en evidencia lo irregular de la acusación y el posterior enjuiciamiento del dirigente mapuce. Pamela Pessoa, esposa de Llaitul, señaló que la experiencia del ex magistrado fue vital para conseguir esta sentencia absolutoria.
Pablo Ortega, abogado defensor de Llaitul, manifestó a radio Bio Bio que "hay una gran satisfacción por dos motivos. En primer lugar, porque una persona inocente sale en libertad tras estar mas de un año en prisión. Y también porque a pesar de las presiones existentes, el tribunal valoró la prueba en su mérito y resolvió absolver a mi defendido. Esto refuerza la tesis de la defensa de que aquí se ha usado a los tribunales, a la justicia, para implementar una persecución política contra el pueblo mapuce". Subrayó el abogado que no se logró tampoco acreditar el origen del siniestro en el predio forestal.
Héctor Llaitul, quien abandonó la cárcel de Temuco pasado el mediodía de hoy, fue detenido por la Policía de Investigaciones en Concepción el 22 de febrero de 2007 y formalizado por la fiscalia de Nueva Imperial sobre la base del testimonio obtenido bajo tortura de Roberto Painemil. De profesión asistente social (Universidad de Concepción) y padre de cinco hijos, Llaitul hasta la fecha de su arresto se encontraba en la clandestinidad por la persecución judicial contra la CAM, de la cual es su principal dirigente. La lectura de la sentencia definitiva para Painemil será dada a conocer por el mismo tribunal el jueves 19 de junio. / MAPUAGENCIA
FUENTE: Periódico Mapuce Azkintuwe
NEUQUEN / Ante el avance de las empresas mineras sobre territorio mapuce, y después de un desfavorable temporal para la producción de animales, las comunidades mapuce de la zona centro de la provincia y organizaciones de crianceros, exigen al gobierno provincial actuar de manera urgente.
“Hace más de un año se viene sufriendo las consecuencias de la gran sequía que atravesó la zona, como también las consecuencias de las empresas petroleras, mineras y forestales en las invernadas y veranadas del territorio mapuce”, dijo la Werken de la Confederación Mapuce Neuquina, Silvia Kvlalew, en dialogo con la emisora AM 800 Wajzugun.
La principal consecuencia de la sequía ha sido la muerte masiva de animales. Los lofce (comunidades) de la zona, junto con las diferentes organizaciones que nuclean a los crianceros, demandan la creación de un plan ganadero provincial en el que tengan participación. Y la designación de un presupuesto de 5 millones de pesos para apaliar la crisis actual.
“La respuesta del gobierno es ausencia absoluta. Se tuvieron reuniones con funcionarios provinciales., pero vergonzosamente, ante la propuesta que se elevó el 21 de mayo, respondieron que a los 1400 productores de toda la zona, se le debe repartir un fardo y medio de pasto”, expresó la werken y agregó: “según el criterio de los funcionarios, esto tendría que durar hasta el inicio de la veranada”, que comienza en diciembre.
En esta parte del territorio mapuce, basto en petróleo, operan diferentes empresas que explotan recursos naturales. Pero paradójicamente, las comunidades mapuce solo sobreviven de la crianza y venta de animales ovinos y vacunos. Y de la explotación hidrocarburífera, solo reciben contaminación y destrucción en el territorio.
A orillas de la ruta nacional 22, a la altura de la ciudad de Zapala, las comunidades informan a la sociedad de su situación con entrega de volantes.
“Estamos en constante movilización, y no queremos llegar a sentarnos permanentemente sobre la ruta, pero si nos obligan ese será nuestro segundo paso” sostuvo la werken Kvlalew al informativo de la radio Wajzugun. “Dejamos abierta la posibilidad que los funcionarios hagan oídos a lo que se les esta demandando y que realmente vengan con respuestas concretas para salir de esta situación, porque sino, nos van a obligar a tomar medidas mas duras”, finalizó. / MAPUAGENCIA
Los raspones secos en el torso son la marca del costo de hacer un camino sin cohibir el anhelo que avanza entre estructuras filosas.
Creo en el amor tanto como en mis cejas. Confío en la posibilidad de regar con mucho entusiasmo y constancia una intimidad deliciosa que me permita soñar con el objetivo que tiene la entrega de todos los días.
No pretendo monotonía, cuesta mucho haber tenido que saludar la retirada de presencias deliciosas porque me tuvieron que poner en el lugar de las opciones –la existencia o yo, sólo puedo ser irreal-. Nunca pretendí un lugar, porque lugar ya tengo, ¿no se ve? Yo quiero vínculo para la dedicación a la construcción de una realidad que se enriquezca con cada beso en la generación de maravilla. Lo demás lo desconozco en el anhelo.
Encontrar personas que están haciendo una búsqueda siempre es posibilidad que se abre. A veces está ahí el desperdicio de basar la interacción en la expectativa de que el que busque encuentre y que en el hallazgo esté comprendido uno. Es mucha especulación. Sucede más que se interrumpe la búsqueda y todo se limita a la suplantación de roles para distraer el tedio de lo cotidiano, por dicha reafirmo que no pretendo un lugar. Si quien camina al lado se retiene, a mí me duele.
No encontré nunca el sentido de padecer mucho tiempo la misma frustración. Eso me salva de estancar el camino. Y la frescura de una de mis heridas me da aliento porque es la huella que deja un empuje que no termina ni pega giros. Lo mismo pasa con los tesoros nuevos que disfruto sin mapa.
Agotan sostener el esfuerzo de mantener el dinamismo sin caer en la inercia y la paciencia de confiar en alguien aunque los episodios incentivan otra percepción. Pero si no soy capaz de esas dedicaciones, acá no pasa nada salvo por las oportunidades que brinda tener buena suerte.
No me entusiasma el dolor, me enseña. Adoro a la vida y no por eso me conformo con cuidarla con los roles, entrego todo cada vez que la situación amerita –que las vísceras me empujan, instintivas- y la muerte no me preocupa porque no me conformo con el futuro que proyecta el presente. Pretendo mejorar todas las expectativas que se me vayan a ocurrir mañana. Mañana, por suerte, voy a tener más motivos para seguir creciendo, y eso es más maravilla y también son más heridas. Soy devoto de esa manera de vivir cada vez que estoy entero.
Si acá hay muchas estructuras que se caen, porque ya no contienen y no sirven para nada más que frustrar, esto va a superarse. Espío con todos mis sentidos qué es lo que mejora el significado del futuro.
Una intimidad rica para una expectativa creciente que empuja una entrega con el mayor de los sentidos: más libertad, más amor, más vida. La vivencia atenta para que la crítica fertilice es la generación de la experiencia que hace crecer.
Adoro al intercambio y eso no se acaba en el goce, también aprendí a fluir en otros placeres que me hacen tener más sabores.
Crezco, aunque la construcción de los días cueste a veces más que el humor, porque hay mucho refugio de techo bajo y me dan asco algunos pasatiempos, porque ningún espanto me deja perplejo como para distraer a los pasos del sentido. También aunque me parta el alma ver flores marchitarse porque donde no gotea no hay brillo ni se crece.
Un pájaro entró por algún lugar y me vino a visitar. Esquivó a los gatos y se paró en una silla. Me miró, voló y se dio la cabeza contra el espejo. Me acerqué con mucho cuidado, le abrí las ventanas y se quedó mirándome. Volvió a volar, hasta un marco anaranjado, me miró y le conté que adoro que sea liviano.
Le expliqué que soy un hombre y no pretendo más que eso, pero sí quiero ser lo más completo que pueda, porque la condición humana me resulta una delicia desperdiciada muy seguido por ahí, en los días por las calles y las casas.
Entonces le conté que no tengo ambiciones de esas berretas. No creo en los aplausos ni en la admiración. No creo para nada en la posesión de la amada. No creo en el reconocimiento para tapar buracos del pecho, de hecho me gusta que mi pecho esté sin parches, curtido y abierto.
Después le dije por qué me dono al amor cuando sucede y sin mucha reserva. Es que no tengo hambre más fuerte que el de cualquier cariño, pero en especial del cariño sincero de los ojos que miran brillando, la boca que se deshace y el abrazo que explota porque existe el encuentro.
Me rasqué suave la cabeza, mecánico, se asustó, voló hasta una rama de mi árbol vecino y ahí se quedó mirándome. Le conté más hasta que la oscuridad no me dejó saber si seguía ahí.
El amor frustrado, aseguré, me resulta patético. A todos nos resulta difícil y más allá de si intento que alguna vez pueda ser más simple, la verdad es que cuando llega el amor choca contra todo lo que pueda –como él acababa de hacer-. Entonces se hace una burbuja para que no se rompa antes de nacer, porque es delicioso y está claro que merece ser vivido. Esa es la intención que me vale un acuerdo.
Entonces la burbuja por ahí anda, levita haciendo que adentro la pareja baile de verdad, con el corazón. Se descubre la delicia y eso es único, se cultiva, se degusta, es el amor, la maravilla. La burbuja se hincha de un cariño incontrolable, se embellece y con su hermosura tiñe todo lo que asoma por adentro. El pájaro, supuse, gustaría de esta manera íntima –él desconoce la intimidad- de ser liviano.
Hasta que en algún momento, retomé, la burbuja crece tanto que la realidad, esa existencia que no tiene más intención que subsistir, la empieza a presionar. Eso duele por adentro y por afuera, es el momento más inestable. El sentimiento excelente tira sin piedad de un brazo, pero de una pierna tiran unas cosas que se hacen llamar “las razones”.
El sentimiento para nosotros, necesité explicarle, es una razón, porque nosotros vivimos las cosas así. No alcanza lo que diga el pecho, además es una razón en el sentido de motivo y en el sentido racional. Es una razón de peso, mucho peso. Para mí es la mejor razón. Pero esas que se llaman “las razones” son otra cosa, algo como los cálculos. ¿Los cálculos de qué? De la subsistencia. Es el equilibrio que dan los sentidos de poco sentimiento y mucha seguridad, como un sillón.
Las dos fuerzas tiran sin pausa porque les urge superar la contradicción, las apura la posibilidad porque es fugaz. Para un lado o para el otro. O el amor se pone en la realidad o se deshace junto a la burbuja.
Acá hay una institucionalización de la voluntad de sentirse seguro, que es mucho más escasa que la de sentir gigante, pero es menos vertiginosa.
Si no se hace nada, sin acción, el amor se derrumba. Así, el amor se derrumba por decisión o por inacción y sólo se sublima con muchísimo esfuerzo.
Así las cosas se definen y confío en la maravilla cuando aparece, más allá de cualquiera de “las razones”.
Pero si aún sabiendo algunas cosas a alguien le da por tener mucho miedo y resignarse a que no puede, dejá que te diga aunque ya no te esté viendo que lo mejor que le queda por intentar es hacer de cuenta que la burbuja nunca existió, que la maravilla es un delirio. Como consuelo, concluí mientras me despedía inclinando apenas la cabeza, porque haber desperdiciado algo sublime es mucho más absurdo.
A veces siento frío cuando todo indica que está templado, creo que es el filo de la memoria que viene a decirme algo que no sé interpretar pero es escalofriante.
Entre las sombras miro algunas figuras espantosas que a esta altura me dan mucha risa y ternura, porque temerle al pasado es ridículo. Después tomo impulso rotando los ojos y mi cuello acompaña el movimiento imitándolo hasta quedar de frente a lo que sucede y hacerme prestar mucha atención. Me vuelan las manos despreocupadas para cubrir una cabeza y acercar una boca a mi boca y se me escurre la delicia por los labios. No sorprende pero gusta igual, lo cual es un gran mérito para mi gusto que viene siendo esquivo a todo lo que no dé un poquito de vértigo. Entonces me siento un explorador en los secretos de la maravilla, que ella no dice pero le afloran, y por ahora no raspan lo cual también es muy saludable. En ella hasta lo rústico resulta maravilloso y eso no lo puedo creer pero me fascina.
Si bien a veces la curiosidad –que es una práctica morbosa- me interroga sobre cómo serían las mañanas, cada vez que vuelvo cansado, por haber dedicado la paciencia a la convicción de incidir en lo que sea el futuro, sólo confío en la noche.
Acalambro mis ojos por mirar un poco más allá, porque nadie empezó sabiendo.
Es que quiero limpiar al futuro porque estoy en la tarea de dejar el uso compulsivo, el absurdo escudo cotidiano del tabaco que al mismo tiempo que me esconde de mí me daña sin remedio.
Será un duelo justo. Hace un par de raspones que me empecé a dedicar a tratar de no estropearme. Esta contienda es de las básicas, y el duelo pega en lo constitutivo, por suerte en el recorrido me fui haciendo más o menos valiente para enfrentarme con la parte oscura de lo propio.
No tolero que cada intensidad se limite con el cigarro, no más. No tolero tampoco ver en mi cuerpo insano las repercusiones. Por eso lo despido, aún cuando todavía de tantas cosas no me haya curado, porque para curtirse mejor hay que dejar los escudos.
Miré con descuido las delicias que parecen haber quedado atrás y la intención que nace suele ser la redención. Si otra vez el peligro me obliga a que los pálpitos marquen otro ritmo que el del amor, detesto al percutir y ya me quiero disculpar sin tocar retirada, porque también me hice valiente para las epopeyas del placer. Aunque ciego; atento, dulce y firme, como los besos que admiro.
Me estremece la luz que abre a la flor que se nutre con el sudor de la gran muñeca que llora silenciosa cuando una paloma se choca en mi pecho desprevenido y me roba una gota de sangre que multiplica a la misma luz, tal vez para inventar un futuro más amplio. Quiero decir, me estremece el recorrido y me acalambro los ojos para mejorar algo adentro y que el devenir me encuentre listo.
Es que vienen con garras a defender sus miserias, porque son carniceros con todos los cuerpos (los que anhelen, los que resistan y los que se abandonen), porque para alimentarse no desarrollan mucho al paladar y todo sabor les cae indiferente. Yo no me quiero dejar, pero eso es una intención y mucho no cuenta para las cuestiones prácticas. Si después cuenta el resultado, las buenas actuaciones serán anécdotas que pueden decorar los relatos que alguien quiera hacer. A mí me desesperan la disposición a la derrota, la pasividad, la prepotencia y la inocencia.
Entonces me despido de la práctica absurda del escudo de humo para cada placer, cada dolor, cada sufrimiento, cada espera, cada ansiedad, cada hambre, cada satisfacción, cada frustración, cada inicio, cada charla, cada final, cada goce, cada ardor, cada exposición. Cada angustia, sobre todo, y ahí se ve lo burdo de todo esto. Me dispongo a mejorar el camino, porque nadie nació sabiendo y estoy a tiempo, además, de guardar para lo excepcional a la práctica sensual de llenar mi boca de humo y dejar que asome alguna ocurrencia, palabra o beso.