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Una desmitificación breve para el puchinball de los medios (tarados) masivos (vacíos) de comunicación (desinformación)
Primero, un detalle. Dentro de los prejuicios prepotentes de los sectores medio y medio alto de la Ciudad de Buenos Aires, hay una idea: las calles de la ciudad son de ellos. Es ridículo por donde se lo piense, pero se arroga ése sector de la Capital el derecho supremo a la calle, por sobre cualquier otro sector o expresión social.
Que las organizaciones sociales que respaldan o respaldaron en esta coyuntura al gobierno de la Presidenta acuerden con la arrogancia de los otros suena absurdo. Cualquier organización popular tiene como ámbito la calle. Cualquier organización popular en Buenos Aires acude a la Plaza de Mayo.
La novedad estos días fue que otros también quisieron ir.
La plaza para ellos era una extorsión, como el lock out mismo. Ellos ocupaban la plaza para que el gobierno se modifique, o para que el gobierno ceda, y cuanto más, mejor. Los sectores que siempre se movilizan se movieron. El viernes, cuando los partiditos troscos y los chinos hicieron su marcha, se coordinó el turno con las organizaciones sociales que respaldan o respaldaron en esta coyuntura al gobierno de la Presidenta. Con las cacerolas no, porque de las operación del campo, los medios y la derecha gorilona, no es la plaza.
La plaza tiene su historia. Es la de las Madres, el 17 de Octubre, los bombardeos, el 19 y 20 de diciembre. Salvo en los bombardeos, donde fueron activos protagonistas, estuvieron ausentes en todas las fechas. Por favor, no bombardeen Buenos Aires. También estuvieron el 23 de septiembre del 55, cuando asumió Lonardi, en la misma plaza que habían bombardeado hacía meses. Pero de esa plaza nadie se acuerda, y yo tampoco. No es histórica, es catastrófica.
D'Elía es uno más. Su organización, la FTV, no es la que más convocó. Él no es la referencia de las demás organizaciones ni de las personas. Yo a D'Elía ni lo miro ni lo escucho, y estuve en la plaza en estos días. Merece mis respetos como referente, La Matanza no es un campo fácil, tal vez sea el más difícil para un militante. Las demás organizaciones, obvio, no lo tienen a él como referente, por eso son otras organizaciones.
Fernando Peña dice en Crítica que su verdadero miedo es que D'Elía esté pagado por el gobierno para reprimir, contramarchar y patotear.
Tampoco fue el primero en llegar a la Plaza, muchos otros estaban antes. Organizaciones y sus referentes. Y siendo uno más, es el preferido de los medios. De repente todas las organizaciones, con sus elaboraciones ideológicas, con sus recorridos, con lo que las constituye, son, en la TV, “los piqueteros de D'Elía”. Y todos creen eso. Morales Solá escribe hoy una porquería que habla todo el tiempo de D'Elía y de la soberbia de Cristina. Ellos mienten todo el tiempo. Son soberbios y mentirosos. Son arrogantes. Se arrogan el monopolio del espacio público, y son al mismo tiempo los enemigos de lo público.
Él, ni qué decirlo, está chocho con las cámaras. Llega y todas le apuntan, los micrófonos lo anteceden mientras camina, como si fuese a algún lugar además de a hablar con los medios, las preguntas lo taladran. Él responde, a todo. A veces impecable, a veces embarrado. Es libre de responder como quiera, es uno más. El más requerido, el preferido de los medios. Les da letra, es una imagen reconocida y no es difícil sacarle un momento imperdible en la tragicomedia del día. Cuando todo termina, se va de las marchas con la FTV, como una organización más, que es lo que es.
Muchos de los que estuvimos ahí, fuimos contra el campo y los medios. No buscamos la aprobación ni los premios de nadie, ni el reconocimiento. Apoyar en la situación al gobierno fue una obligación. Ir a la plaza era un deber, porque la plaza es nuestra, porque a lo público lo defendemos nosotros. ¿Quiénes somos nosotros?
Parece que somos “los piqueteros de D'Elía”. Pero yo digo que no. D'Elía es un personaje menor. Somos los que de repente nos encontramos rodeados de gorilas y salimos obligados por es asco político de verlos en la plaza que es nuestra, haciendo la farsa del 2001, una parodia.
Algunos buscaron la farsa del 2001, otros la del 17 de octubre. Pero eso es chusiar.
Y su farsa termina con la parodia de la política; inventando un personaje poderoso en un referente cualquiera, el elegido por los medios. Un referente intelectualmente hábil y políticamente torpe. Todos los días hablaron de él, a él lo conocen todos y a ver cuántos me nombran a los referentes de las cuatro entidades del campo. Son grotescos los medios, el conflicto pasa por una invención y la política por personajes.
Después la seguimos.